Chimichurri picante de chañar: Elena Molina rescata los sabores indígenas en el Valle de Copiapó

Hace algunos años, sentada en el frontis de la Universidad de Atacama, en Copiapó, Elena Molina Páez (69) observó cómo caía el fruto del chañar desde un árbol cercano. Tomó uno que estaba al lado suyo, lo probó e imaginó un mundo de posibilidades culinarias con este producto ancestral que alimentó a diaguitas y collas en el pasado y que hoy continúa siendo parte de la dieta, tradición y costumbre de los habitantes de la región.

Consciente de las propiedades del chañar y los usos que le da la gente en la zona, esta recolectora y agricultora fue más allá en su afán por rescatar sabores ancestrales del norte verde y hace más de una década se atrevió con una receta que está en boca de todas las muestras y festivales de cocina gourmet en el país: el chimichurri picante de chañar.

En medio de cerros que anuncian el desierto florido, Elena Molina muestra cómo utiliza el fruto del chañar para preparar este pebre picante de su autoría. «Uno se puede comer la preparación como pebre, con tortillas de rescoldo o churrascas si prefiere; o bien usarlo como aderezo deshidratado de carnes rojas, blancas y platos en general”, comenta.

Agrega que en el caso del condimento le agrega una dosis de fibra deshidratada de chañar, y si la idea es hacerlo con ingredientes frescos, además de la fibra se le agrega cebolla, tomate, cilantro, ají y unas gotas de aceite balsámico de chañar, “donde se mezclan los dulzores del fruto con los demás ingredientes que entregan ese sabor que tanto le gusta a la gente».

Elena Molina cuenta que llego a esta preparación buscando nuevas formas para que la gente puede consumir el chañar, junto a otras preparaciones que realiza en su emprendimiento Todo Chañar como arrope, mermelada, harina, café y galletas.

«No sabía qué nombre ponerle, y como a los aderezos en general se les conoce como chimichurri, quedó con ese nombre, para acercarlo rápidamente a la gente. Así presentamos un plato a base de carne roja con chimichurri picante en la ExpoMundoRural 2014 y después vino una invitación de la Cumbre Guachaca regional, donde sacamos el primer lugar. A nivel nacional obtuvimos el segundo lugar en preparación típica y ancestral ese año”, recuerda.

La productora agrícola y usuaria de INDAP también resalta la participación que tuvo en el Festival Internacional de Cocina Ñam en 2015: “Ahí el chimichurri alcanzó más notoriedad y ese mismo año, junto a INACAP, hicimos charlas y exposiciones para los chefs regionales durante tres años, dando a conocer el valor nutricional del chañar como un alimento endémico».

«INDAP me ha invitado a varias fiestas culinarias y costumbristas en todos estos años y me siento una embajadora del chañar donde quiera que vaya. Este fruto me identifica mucho, porque habla de Atacama y de sus tradiciones. Y no sólo tiene propiedades nutricionales y medicinales, sino que en esta zona es en donde crece mayormente, entonces siento que debemos aprovechar esta gran oportunidad de tenerlo a mano», apunta la emprendedora.

Hoy, en el desierto de Atacama, Elena Molina busca, además de seguir recolectando el fruto, tener su propio bosque nativo para cosecharlo: «Los arbolitos ya brotaron desde que me vine para acá y están creciendo en un clima muy propicio, así que espero preservar lo que nuestros ancestros tenían en gran cantidad en otros tiempos y épocas, y también contribuir a mantener viva la soberanía alimentaria de la región, pero en mi propia escala, para seguir proveyendo a la gente alimentos como este chimichurri, porque eso es lo que hacemos los agricultores, producir alimentos».

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