Batalla de El Roble

Librada al alba de un 17 de Octubre de 1813 entre las fuerzas patriotas del entonces brigadier José Miguel Carrera y el Coronel Bernardo O’Higgins (900 hombres y 5 cañones) contra el bando realista (compuesto casi solo por chilenos) liderado por el ex patriota, Clemente Lantaño y Luis Urrejola (1200 hombres y 4 cañones), en el contexto de las campañas de la Independencia de Chile, específicamente en la denominada Patria Vieja.

Contexto: Una vez terminado el desastroso Sitio de Chillán (27-Julio al 10-Agosto de 1813), José Miguel Carrera, esperaba reanudar el sitio contra esa ciudad cuando terminara el invierno sureño. También esperaba la llegada de refuerzos desde Santiago, los cuales habían partido desde la capital en el mes de agosto y llegaron a Concepción el 5 de octubre de 1813. Con estas nuevas tropas, Carrera se decidió a continuar con el sitio de Chillán y el 14 de octubre salió con su ejército desde la ciudad de Concepción y al día siguiente se le reunió el coronel Bernardo O’Higgins con las fuerzas que estaban bajo su mando. De esta forma se reunió un ejército compuesto por unos 800 soldados de infantería, una pequeña fuerza de caballería y 5 cañones.

El día 16 de Octubre en la tarde, esta fuerza llegó a las orillas de río Itata, más exactamente al vado denominado del Roble (cerca de Quillón, al sur-poniente de Chillán), donde estableció su campamento. Frente a este último se hallaba un destacamento realista mandado por el guerrillero Juan Antonio Olate, el cual intercambió algunos fuegos de artillería con los cañones de los patriotas. Su presencia fue dispuesta para distraer a los patriotas, ya que hacia el oriente se hallaba una división realista compuesta de alrededor de 1200 hombres y que era mandado por los jefes Clemente Lantaño y Luis Urrejola. Estos últimos lograron conducir a sus hombres en la oscuridad de la noche, atravesaron el río Itata una legua más arriba del campamento patriota y se colocaron a sus espaldas.

*** Hablaremos en el futuro de Clemente Lantaño, chileno, dueño de la hacienda El Roble, hombre de honor y muy valiente, patriota es sus inicios, pero tras presenciar los abusos de Carrera y su ejército contra la gente de su pueblo y alrededores, se cambió al bando realista. Como dato freak, fue el propio Lantaño junto a su guerrilla (apodados «los lanudos de Lantaño) quien capturó a Carrera en 1814. También participó en el Combate de Membrillar, Batalla de Rancagua, Batalla de Maipú. Acompañó a Juan Francisco Sánchez en la retirada extrema a Valdivia de 1819, y después se embarcaron al Perú. Finalmente, estando allá, combatió contra San Martín tras el arribo de la expedición libertadora del Perú que organizó O’Higgins, siendo capturado…. y, enviado de vuelta a Chile. O’Higgins lo perdonó, le reconoció grado militar en el ejército patriota y lo mandó al Sur a combatir a las guerrillas realistas que aún quedaban.

Siguiendo con El Roble: En el amanecer del día 17 de octubre de 1813 cayeron los realistas sobre el campamento patriota, causando entre sus hombres una confusión impresionante. El general Carrera montó a caballo, pero fue detenido por una partida realista y además recibió un golpe, y huyó del lugar del combate lanzándose a las aguas del río Itata. La falta de un jefe militar no permitía que los soldados patriotas pudieran organizar una defensa viable.

Sobre la huida de Carrera: Algunos afines a este, dicen que escapó supuestamente para buscar refuerzos o reorganizarse. Otros historiadores, más neutros, relatan que huyó, simplemente porque el ataque sorpresa realista lo dejó estupefacto, y «soldado que arranca, sirve para otra batalla». Y finalmente, los más duros con Carrera, señalan que se acobardó y se lanzó a las aguas del Itata en el más puro estilo «sálvese quien pueda», abandonando a los soldados en medio de una situación crítica.

Versión de Carrera, según su diario (sic): «Entonces tomé el partido de huir, porque me vi mui oprimido por algunos lanceros, dándome uno de ellos un golpe de lanza en el costado izquierdo, que había sido mortal sino es tan ligero mi caballo i mi brazo para evitarlo en parte. Aquel campo debió ser mi sepulcro, pero me salvó la cobardía de mis enemigos i los esfuerzos de 2 (soldados) que me acompañaban; el (húsar) nacional Uribe i un miliciano del Regimiento de Talca, José Antonio Orostica. Veia el terrible fuego con que se defendían los valientes de nuestra División, a pesar de la completa sorpresa; pero veía también con dolor que no podía unirme a ellos porque el enemigo tenía el paso i yo no era capaz de abrirlo. Me tenía cercado y no había otra fuga que atravesar el Itata; pero ¿Cómo hacerlo cuando de la banda del norte tenía el enemigo 2 cañones i mucha gente? Me decidí a ahogarme en las corrientes de aquel caudaloso rio, o a escapar por el otro lado si podía. Me entré en el rio i el enemigo me hacía fuego desde la orilla sin atreverse a perseguirme; no fui visto de los del otro lado, porque me cubría la vuelta de la barranca i el humo de sus fuegos. A nado pasé al norte i me fui por la orilla del rio a abajo, al paso de caballo, porque, con haberse mojado las heridas, se imposibilitó. A las cuatro cuadras repasé el rio i me incorporé a la segunda División que estaba en Bulliquin».

La versión del bando realista no es tan «épica» como el diario de Carrera, básicamente se resume en que Carrera, viéndose acorralado, se acobardó y se lanzó a las aguas del Itata, dejando abandonada a su tropa.

Por su parte, el coronel Bernardo O’Higgins logró reunir unos 200 hombres y organizar la resistencia. Los realistas ya habían recorrido una buena parte del campamento patriota y se consideraban vencedores, por lo cual se dispersaron en pequeñas partidas. Después de 1 hora de fuego, O’Higgins tomó la decisión de atacar y logró mover a sus hombres emitiendo el inmortalizado grito “¡O vivir con honor, o morir con gloria; el que sea valiente sígame!”, de manera que estos cayeron sobre el enemigo, liquidando casi un centenar y poniéndolo en completa dispersión. El mismo O’Higgins, saliendo herido de arma blanca en el muslo, incluso sangrando, participó en la persecución de los realistas, logrando que estos repasaran el río Itata en el más completo desorden; también ayudó en esta última operación una pequeña partida de caballería. Fue la primera batalla ganada por O’Higgins y el bando patriota.

Las bajas realistas fueron 80 muertos, varios heridos, 20 prisioneros, por el lado patriota, hubo cerca de 30 fallecidos, pero varias decenas de heridos de diversa consideración (incluido O’Higgins). Los patriotas capturaron 2 cañones, 130 fusiles y municiones varias.

Los efectivos patriotas, pese a su escasa instrucción militar, demostraron que estando al mando de un jefe decidido podían ser muy eficaces en la lucha. De hecho, esta victoria los llenó de alegría. En esos momentos era posible realizar la marcha hacia Chillán y tomar esa plaza, pero al ejército patriota todavía le faltaba una organización más sólida y una dirección más enérgica.

Para finalizar, según registra el prestigioso historiador y premio nacional, Francisco A. Encina, el General Juan Mackenna en su informe sobre la conducta de Carrera, critica la elección del lugar escogido para acampar, «La posición que eligió don José Miguel era pésima, cubierta de árboles y rodeada de barrancos, que facilitaban una sorpresa».

Mucho más por relatar, pero de seguir, tendríamos que escribir un libro.

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