Dificultades en el acceso al financiamiento y foco en comercio marcan el emprendimiento femenino en Chile

Cada 19 de noviembre se conmemora el Día Mundial del Emprendimiento Femenino. Cifras recientes arrojan que el 24% de las chilenas ya emprendió y el 60% del resto está motivada en hacerlo.

Reconocer el esfuerzo y valor de las mujeres emprendedoras y a la vez sensibilizar a la sociedad sobre los obstáculos y las dificultades que enfrentan, al mismo tiempo que se potencia su empoderamiento, son los principales objetivos del Día Mundial del Emprendimiento Femenino que se conmemora cada año el 19 de noviembre. Si bien es sabido que aún persisten importantes brechas de género en estas materias, lo cierto es que en Chile son cada vez más las mujeres que se atreven a iniciar negocios propios para alcanzar la tan ansiada autonomía económica.

De acuerdo con el Global Entrepreneurship Monitor, GEM, las mujeres vinculadas con alguna actividad emprendedora en etapa temprana han aumentado sostenidamente en nuestro país, pasando de un 20% en 2018 al 25% en 2021. Aun considerando ese incremento, se trata de números inferiores a los hombres, que pasaron del 29% al 35% en el mismo período. Esta tendencia fue ratificada por el estudio “Emprendimiento Femenino en Tiempos de Pandemia”, que arrojó que que el 24% de ellas ya posee un emprendimiento, un 53% lo inició durante la pandemia y que, de las no emprendedoras, el 60% tiene mucho interés en tomar ese camino. Este dato es relevante, pues se trata de un porcentaje casi 20 puntos más alto que el año anterior.

Si se trata de profundizar en los rasgos que caracterizan a la chilena emprendedora, cabe destacar que la mayoría tiene entre 35 a 64 años y cuenta con educación escolar y media. La mayoría se concentra en las regiones de Atacama, La Araucanía y Tarapacá, lo cual “puede deberse a que en el norte la principal fuente laboral es la industria minera, un ámbito tradicionalmente dominado por hombres. En cuanto a La Araucanía, es la zona que presenta el mayor porcentaje de desempleo y eso limita aún más las fuentes laborales formales para las mujeres”, explica Katherine Delgado, Decana de la Facultad Ingeniería, Ciencia y Tecnología de la Universidad Bernardo O´Higgins, UBO, quien ha estudiado ampliamente el fenómeno. Sobre los sectores en que se desenvuelven, gran parte se enfoca en comercio y servicios, dado que suponen menores exigencias de capital inicial e infraestructura, permitiendo incluso desenvolverse desde la propia vivienda.

Pero ¿qué ha llevado a miles de chilenas a emprender? Para Delgado, “podemos distinguir la motivación en tres ámbitos: las mujeres que encuentran una oportunidad, son independientes y cuentan con conocimientos básicos del emprendedor; las que por necesidad deben emprender para obtener ingresos suficientes para sacar adelante a sus familias y las que por flexibilidad deciden emprender, a fin de obtener mayor libertad temporal e independencia económica para desarrollar sus proyectos”. En este contexto, ha surgido con fuerza la figura de la emprendedora de Microempresa Familiar (MEF) con operaciones simples, ubicadas principalmente en sus domicilios particulares para generar productos básicos y que cuentan con ganancias sólo suficientes para subsistir. Ellas suelen ser madres de familia, único sostén familiar, con una educación incompleta e hijos en edad escolar.

En cuanto a las dificultades, el principal sigue siendo el acceso a fuentes de financiamiento, que pueden provenir del Estado, la banca o de grupos de inversores. Considerando los últimos análisis, las solicitudes de préstamo presentadas por mujeres tienen casi un 15% menos probabilidades de ser aprobadas que las equivalentes presentadas por hombres. Asimismo, el acceso al crédito alcanza el  53 % en el caso de ellos y sólo el 32% entre las mujeres. A ese obstáculo se suma que las mujeres “sienten tener menos conocimiento, información y capacitación para atreverse a emprender en comparación a los hombres, les cuesta salir de su zona de confort, por lo que es importante impulsar un profundo cambio cultural”.

Si se trata de perspectivas de futuro, hay consenso en que el Estado debe tomar un rol en generar los escenarios pro paridad, diseñando nuevas políticas públicas. “Las mujeres pueden solas salir adelante, pero necesitan tener a la vista oportunidades para ello. Las garantías fiscales, impositivas y otras, para las empresas y personas que fomenten el emprendimiento femenino; la actualización de los parámetros de evaluación crediticia de la banca y tantos otros ejemplos que puedan facilitar este proceso”, afirma Delgado.

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