Mons. Morales: Donde hay un dolor que mitigar, ahí ha estado siempre la Iglesia en Atacama

Estas palabras fueron parte de la homilía de Monseñor Ricardo Morales, obispo de Copiapó, al presidir la misa por los 65 años de la diócesis, desde su separación de la arquidiócesis de La Serena en 1857.

Antes de la misa, llegó hasta la Catedral la imagen histórica de la Virgen de La Candelaria, acompañada del rector del Santuario, P. Francisco Javier Medina, y los bailes religiosos. La imagen fue recibida en el atrio por el obispo.

Al principio de la eucaristía se dio lectura a la bula de creación de la diócesis, se mencionaron los obispos de la Iglesia de Atacama, y luego se mostró el saludo en video que envió el Papa Francisco, animando a las comunidades a continuar siendo una iglesia sinodal y fraterna.

Ser Buena Noticia en nuestra tierra de Atacama
En la homilía, el obispo agradeció al Señor “por el Santo Pueblo fiel de Dios, laicos, laicas, consagrados y pastores, que en esta tierra de Atacama, han sabido vivir la común consagración bautismal, dando a conocer el mensaje de redención y liberación que nos ofrece Jesús”. Añadió que “somos testigos de esa gente de nuestras comunidades que anuncia el Evangelio con su vida”, destacando las familias de los bailes religiosos. Mencionó a “los misioneros y misioneras en nuestra tierra de Atacama, que dejando sus respectivos países han venido a anunciar con generosidad y corazón grande la Buena Noticia del Evangelio” y reconoció “con dolor y vergüenza, que otras veces hemos empañado el rostro de Cristo, con nuestro mal testimonio, causando escándalo en el Pueblo de Dios y dañando a los más vulnerables”. También habló de la dura realidad de las y los temporeros, de la figura del Padre Negro, de la lucha por la defensa del agua en el valle del Huasco, ejemplos de parresía que hacen vida el evangelio. Concluyó orando para que “el Espíritu Santo nos llene el corazón para seguir siendo esa buena noticia en nuestra tierra de Atacama, seguir siendo esos apóstoles de la verdad y el amor, anunciando a los más pobres y sencillos la gran verdad de Jesucristo”.

Luego, los obispos se dirigieron a la puerta de la Catedral, para destapar y bendecir una placa de mármol con el nombre de todos los obispos que han servido en la Iglesia de Atacama.

En el ofertorio hubo signos que representaron los tres valles de la diócesis. Por el valle centro, una familia de migrantes que vive en una de las tomas presentó unas flores; el valle norte presentó unas rocas de mineral; el valle sur llevó al altar abundantes frutos de esa fértil tierra. Parte del equipo diocesano para el sínodo presentó el informe sinodal. Finalmente, monjas del monasterio Inmaculada de Atacama llevaron el pan y el vino.

Caminando juntos, ser Iglesia en salida
Antes de terminar la celebración, se ofreció la palabra a los dos anteriores obispos. Don Celestino se refirió especialmente a los ancianos y enfermos que no pudieron asistir a la misa, asegurando su oración por ellos. Dijo que este momento del país y de la Iglesia es hermoso: “no caben los mediocres ni los cobardes”, dijo, y llamó a renovar el compromiso por ser buenos cristianos, caminando juntos, “como hermanos todos”.

Por su parte, don Gaspar repitió las palabras del Magnificat para dar gracias al Señor, y dijo que “María, la toda Santa, está muy contenta de celebrar como dueña de casa estos 65 años”, invitando a ser “Iglesia en salida, que anuncia la buena noticia de Jesús y su evangelio”.

Después de la misa, la imagen de La Candelaria volvió a su Santuario, mientras las personas tuvieron tiempo de compartir con los obispos invitados y comentar la hermosa celebración.

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